Salmos 113:2
"Sea el nombre de Jehová bendito desde ahora y para siempre."
Las cosas de este mundo cambian constantemente. Las personas cambian, las circunstancias cambian y aun nuestros sentimientos pueden variar de un día a otro. Sin embargo, el nombre del Señor permanece inmutable. Por eso el salmista declara que su nombre debe ser bendito no solo hoy, sino para siempre.
Bendecir el nombre de Dios significa reconocer su carácter, su poder, su misericordia y su fidelidad. Significa recordar que Él sigue siendo el mismo Dios que abrió caminos en el pasado y que continúa obrando en el presente.
Hay días en los que resulta fácil agradecer. Pero también existen momentos de incertidumbre, dolor o espera. En esos momentos, bendecir el nombre del Señor se convierte en un acto de fe. Es declarar que confiamos en Él incluso cuando todavía no entendemos todo lo que está ocurriendo.
La adoración madura no depende únicamente de las bendiciones recibidas; nace de conocer a Dios. Quien conoce su corazón puede adorarlo en la abundancia y también en la escasez, en la alegría y en la prueba.
Hoy, cualquiera sea tu situación, recuerda que Dios sigue siendo digno de alabanza. Su nombre merece ser bendecido porque su amor jamás se agota.
Oración: Padre celestial, ayúdame a bendecir Tu nombre en todo tiempo. Que mi confianza en Ti no dependa de las circunstancias, sino de Tu eterna fidelidad. Amén.
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