Lucas 1:37
“porque nada hay imposible para Dios.”
Cuando el problema parece demasiado grande
Hay momentos en la vida en los que una situación parece no tener solución. Has pensado, has esperado, has intentado diferentes caminos y, aun así, la puerta continúa cerrada.
En esos momentos es fácil mirar las circunstancias y pensar: “Esto ya no puede cambiar”.
Pero Lucas 1:37 nos invita a levantar la mirada.
Estas palabras fueron pronunciadas por el ángel Gabriel después de anunciarle a María algo que humanamente parecía imposible. Ella tendría un hijo, aunque todavía no había concebido, y además Elisabet, su parienta, también había concebido en su vejez. El mensaje era claro: lo que para los seres humanos parece imposible no limita el poder de Dios.
Esto no significa que Dios vaya a concedernos cada cosa que deseamos exactamente como la imaginamos. Significa algo más profundo: nuestras limitaciones no son las limitaciones de Dios.
No confundas una puerta cerrada con el final
A veces creemos que, porque no vemos una solución, Dios tampoco la ve.
Pero nosotros solamente contemplamos una pequeña parte de la historia.
Es como caminar de noche por un sendero con una linterna. La luz permite ver unos cuantos pasos delante, pero no todo el camino. Dios, en cambio, conoce el sendero completo.
Por eso, cuando no entiendas lo que está sucediendo, no tienes que fingir que todo está bien. Puedes reconocer tu preocupación, presentar tus preguntas delante de Dios y seguir confiando.
La fe no consiste en negar las dificultades.
Consiste en no permitir que las dificultades tengan la última palabra sobre nuestra esperanza.
Quizás hoy estés enfrentando algo que parece demasiado grande: una preocupación familiar, una decisión difícil, un sueño que se ha retrasado, una situación que no sabes cómo resolver o una etapa en la que simplemente no encuentras claridad.
No sabes cómo terminará la historia.
Pero puedes recordar quién está contigo mientras la historia continúa.
Dios también obra cuando todavía no ves nada
Una de las cosas más difíciles de la espera es que queremos evidencias inmediatas. Queremos ver la puerta abrirse antes de confiar. Queremos conocer la respuesta antes de dar el siguiente paso.
Pero muchas veces Dios trabaja de maneras que todavía no podemos percibir.
María recibió una palabra y tuvo que caminar confiando en ella. Después de escuchar al ángel, respondió con disposición: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”.
Primero vino la confianza; después, el desarrollo de aquello que Dios había anunciado.
Tal vez tú también estás en una etapa en la que solamente tienes una promesa, una pequeña esperanza o la certeza de que debes seguir adelante.
No desprecies ese pequeño comienzo.
Consejo práctico
Cuando enfrentes algo que parece imposible, evita preguntarte solamente: “¿Cómo voy a resolver todo esto?”
Hazte también estas preguntas:
¿Qué puedo hacer hoy?
¿Qué debo dejar en las manos de Dios?
¿Cuál es el siguiente paso correcto que puedo dar?
No necesitas conocer todo el camino para dar el siguiente paso. Ora por aquello que te preocupa. Haz responsablemente lo que esté a tu alcance. Busca consejo sabio cuando lo necesites. Ten paciencia con los procesos que no puedes controlar.
Y, sobre todo, no construyas tus esperanzas únicamente sobre lo que tus ojos pueden ver.
Hay situaciones que parecen imposibles desde nuestra perspectiva, pero Dios no está limitado por nuestras circunstancias.
Cuando no encuentres una salida, recuerda esta verdad sencilla y poderosa:
Dios sigue siendo Dios incluso cuando tú todavía no puedes ver la respuesta.
Oración
Señor, cuando las circunstancias me hagan pensar que no existe una salida, ayúdame a recordar que nada es imposible para ti. Dame sabiduría para hacer lo que me corresponde, paciencia para esperar y fe para confiar cuando todavía no pueda ver el resultado. Que mi esperanza no dependa de lo que veo, sino de tu fidelidad. Amén.
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