Jeremías 10:1 (Reina-Valera 1960)
Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel.
No todo lo popular es correcto
Vivimos rodeados de voces. Algunas vienen de las personas que nos rodean; otras, de las redes sociales, las costumbres y las ideas que se repiten hasta parecer verdades indiscutibles. Poco a poco, podemos acostumbrarnos a seguir lo que hacen los demás sin detenernos a pensar si realmente es bueno.
Por eso, las palabras de Dios al profeta Jeremías comienzan con una invitación sencilla, pero profunda: escuchar.
Antes de tomar una decisión, antes de seguir una costumbre y antes de dejarnos llevar por la opinión de la mayoría, necesitamos aprender a escuchar la voz de Dios.
El versículo 1 introduce un mensaje que continúa en los siguientes versículos. Allí, Dios advierte a su pueblo que no adopte las prácticas de otras naciones sin discernimiento, y le enseña a reconocer la diferencia entre los ídolos hechos por manos humanas y el Dios verdadero.
El propósito no es vivir con miedo a todo lo diferente, sino comprender que no debemos aceptar una idea simplemente porque sea antigua, popular o practicada por muchas personas.
La cantidad de personas que siguen un camino no determina si ese camino es correcto.
Una costumbre puede estar muy extendida y, aun así, alejarnos de la verdad. Una opinión puede recibir miles de aprobaciones y no ser sabia. Incluso una decisión que parece conveniente puede terminar perjudicándonos si dejamos de lado nuestros principios.
Por eso, la fe también requiere discernimiento: aprender a pensar, examinar y elegir con responsabilidad.
Escuchar a Dios en medio del ruido
Escuchar a Dios no significa esperar una voz audible para cada decisión. Significa prestar atención a su Palabra, buscar sabiduría y permitir que sus enseñanzas orienten nuestra conducta.
Imagina a una persona que camina por un sendero desconocido. Si decide seguir a todos los que pasan, sin mirar hacia dónde se dirigen, podría terminar lejos de su destino. Pero si se detiene a consultar una buena guía, tendrá más posibilidades de avanzar con seguridad.
Algo parecido ocurre en la vida espiritual.
Podemos sentir la presión de actuar como los demás para ser aceptados, evitar críticas o no sentirnos diferentes. Sin embargo, vivir con convicciones requiere valentía. No siempre será sencillo decir que no, apartarse de una conducta perjudicial o defender lo que sabemos que es correcto.
La fidelidad a Dios no consiste en oponerse a todo lo que hacen los demás. Consiste en tener la sabiduría necesaria para distinguir lo bueno de lo malo y la humildad suficiente para corregir nuestro propio camino cuando sea necesario.
No debemos confundir la prudencia con el desprecio hacia otras personas. Podemos respetar a quienes piensan distinto sin renunciar a nuestras convicciones.
Cuando necesitas tomar una decisión
Tal vez hoy estés frente a una elección y no sepas qué hacer. Quizás escuches consejos contradictorios o sientas que todos esperan que actúes de determinada manera.
En esos momentos, no te apresures.
Detente, ora y examina tus motivos. Pregúntate si esa decisión está de acuerdo con los principios bíblicos, si perjudicará a alguien y si nace de una convicción sincera o del deseo de agradar a los demás.
Dios no nos invita a vivir guiados por el temor a la opinión ajena, sino a buscar la verdad con un corazón dispuesto a aprender.
Recuerda que no tienes que imitar cada conducta para encontrar tu lugar en el mundo. Tu vida puede estar guiada por principios firmes, aun cuando a tu alrededor muchas personas elijan de otra manera.
Una conciencia educada por la Palabra de Dios se parece a una lámpara en medio de una habitación oscura: no elimina todos los obstáculos, pero ayuda a reconocer por dónde caminar.
Una fe que sabe elegir
Jeremías 10:1 nos recuerda la importancia de prestar atención a la voz de Dios. Antes de seguir las costumbres de nuestro tiempo, necesitamos examinar qué lugar ocupa el Señor en nuestras decisiones.
No permitas que el ruido de la multitud ahogue la búsqueda de la verdad. Tampoco creas que debes tener todas las respuestas de inmediato. La sabiduría crece cuando aprendemos a escuchar, preguntar, estudiar las Escrituras y actuar con humildad.
Hoy puede ser un buen día para revisar tus decisiones y preguntarte si estás viviendo según tus convicciones o simplemente siguiendo la corriente.
No vivas solamente preguntando qué hacen los demás. Aprende también a preguntarte qué es lo correcto delante de Dios.
Oración
Señor, enséñame a escuchar tu Palabra y a buscar tu sabiduría en medio de tantas voces. Dame discernimiento para reconocer lo bueno, valentía para actuar con rectitud y humildad para corregir mis errores. Ayúdame a respetar a los demás sin perder de vista los principios que deseas formar en mi corazón. Amén.
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