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lunes, 10 de marzo de 2025

No todo lo que uno quiere conviene

Todo me es lícito, pero no todo conviene

📖 "Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica." (1 Corintios 10:23, RVR60)

En esta poderosa enseñanza, el apóstol Pablo nos invita a reflexionar sobre la libertad cristiana y la responsabilidad que conlleva. Si bien en Cristo tenemos libertad, esta no debe ser utilizada para satisfacer nuestros propios deseos, sino para glorificar a Dios y edificar a los demás.

Libertad en Cristo: ¿Qué significa?

Cuando Pablo dice "todo me es lícito", se refiere a la libertad que los creyentes tienen en Cristo. Ya no estamos bajo la ley del Antiguo Testamento de manera legalista, sino bajo la gracia (Romanos 6:14). Esta libertad es un regalo precioso, pero requiere madurez y discernimiento.

La verdadera libertad en Cristo no significa hacer lo que queremos sin considerar las consecuencias. Al contrario, significa ser libres del pecado, del egoísmo y de todo aquello que nos aleja de Dios. Gálatas 5:13 nos recuerda:

📖 "Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros."

¿Qué conviene y qué edifica?

Pablo establece un principio importante: no todo lo que podemos hacer nos beneficia espiritualmente. Algunas acciones, aunque no sean pecaminosas en sí mismas, pueden no ser constructivas para nuestra vida o para la vida de otros.

  • Lo que conviene: Son aquellas cosas que nos acercan a Dios, fortalecen nuestra fe y nos ayudan a vivir conforme a su voluntad.
  • Lo que edifica: Se refiere a aquello que edifica nuestra vida espiritual y también a lo que construye y anima a otros en la fe.

Una pregunta clave que podemos hacernos antes de tomar una decisión es: ¿Esto me ayudará a crecer espiritualmente? ¿Edificará a los demás?

Viviendo con responsabilidad espiritual

La libertad sin responsabilidad puede convertirse en libertinaje. Pablo nos anima a no ser piedra de tropiezo para los demás (1 Corintios 8:9). Nuestras acciones no solo tienen un impacto en nuestra vida, sino también en aquellos que nos rodean.

📖 "No se preocupen solo por su propio bien. Preocupense por el bien de los demás." (1 Corintios 10:24, NTV)

Esto significa ser sensibles a las convicciones y debilidades de otros hermanos en la fe. No todo se trata de "yo tengo el derecho", sino de "¿cómo puedo servir y amar mejor a los demás?".

El propósito mayor: La Gloria de Dios

El versículo culmina en un llamado a hacer todo para la gloria de Dios:

📖 "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios." (1 Corintios 10:31)

Nuestro objetivo final no es simplemente disfrutar de nuestra libertad, sino vivir de una manera que honre al Señor en cada aspecto de nuestra vida.

Conclusión 

Aunque todo nos es lícito, no todo nos conviene ni todo edifica. Que usemos nuestra libertad en Cristo con sabiduría, buscando siempre lo que glorifica a Dios y edifica a los demás.

🙏 Oración: Señor, dame sabiduría para usar mi libertad con responsabilidad. Que mis acciones siempre te honren y traigan bendición a los que me rodean. Amén. 


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«No todo lo que uno quiere conviene»

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martes, 25 de febrero de 2025

Hay honra en perdonar

Es más honroso perdonar la ofensa

El poder del perdón en la vida cristiana

En Proverbios 19:11 encontramos una enseñanza profunda sobre el carácter de una persona sabia y madura en la fe:

"La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa."

Este versículo nos invita a reflexionar sobre el poder del perdón y la importancia de dominar nuestras emociones en momentos de conflicto. En un mundo donde la venganza y el orgullo parecen ser la norma, Dios nos llama a un camino más elevado: el camino de la gracia y la misericordia.

La Sabiduría de dominar el enfado

El primer aspecto que destaca este pasaje es que “la cordura del hombre detiene su furor”. Esto significa que una persona verdaderamente sabia no reacciona impulsivamente ante la ofensa, sino que aprende a controlarse. La Biblia nos exhorta repetidamente a ser “tardos para la ira” (Santiago 1:19) porque la ira desenfrenada solo conduce al pecado y a la destrucción de relaciones.

Jesús mismo nos dio el mayor ejemplo de dominio propio cuando, en lugar de responder con enojo a quienes le insultaban y maltrataban, guardó silencio y oró por sus agresores: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Como seguidores de Cristo, estamos llamados a reflejar su carácter en nuestra manera de reaccionar ante el mal. No significa que ignoramos el daño o la injusticia, sino que elegimos responder con amor en lugar de odio.

La Honra de Pasar por Alto la Ofensa

La segunda parte del versículo dice: “su honra es pasar por alto la ofensa”. En la sociedad actual, muchas veces se considera un signo de debilidad dejar pasar una ofensa sin responder. Sin embargo, la Biblia nos dice que perdonar es un acto de honor y no de debilidad.

Jesús nos enseñó en Mateo 5:39: “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. Esto no significa permitir abusos ni injusticias, sino responder con una actitud de gracia y humildad, dejando la justicia en manos de Dios.

El rey David es un gran ejemplo de esta enseñanza. Aunque tuvo múltiples oportunidades de vengarse de Saúl, quien lo perseguía injustamente, David eligió perdonar y dejar el juicio en manos de Dios (1 Samuel 24:10-12). Esto demuestra que el verdadero honor no está en la venganza, sino en confiar en el Señor.

El Perdón: Un mandato divino y una bendición para el alma

Dios nos manda a perdonar no solo por el bien de los demás, sino también por nuestro propio bienestar espiritual. Cuando guardamos rencor, nuestro corazón se llena de amargura y nos alejamos de la paz que Dios quiere darnos.

Efesios 4:31-32 nos exhorta:

"Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo."

Dios nos ha perdonado inmensurablemente a través de Cristo. Siendo aún pecadores, Él nos extendió su gracia sin condiciones (Romanos 5:8). ¿Cómo entonces no hemos de perdonar a quienes nos han ofendido?

Cuando perdonamos, liberamos nuestra alma de la carga del resentimiento y permitimos que la paz de Dios gobierne nuestros corazones.

¿Cómo aprender a perdonar?

  1. Recordando cuánto nos ha perdonado Dios

    • Reflexiona en la misericordia que Dios ha tenido contigo. Si Él nos ha perdonado tanto, nosotros también debemos perdonar (Mateo 18:21-35).
  2. Orando por quienes nos han ofendido

    • Jesús nos enseñó a “orar por los que nos ultrajan y nos persiguen” (Mateo 5:44). La oración transforma nuestro corazón y nos ayuda a ver a los demás con los ojos de Cristo.
  3. Eligiendo soltar el rencor cada día

    • El perdón no siempre es un sentimiento inmediato, sino una decisión diaria de confiar en Dios y renunciar a la venganza.
  4. Buscando la reconciliación cuando sea posible

    • Romanos 12:18 nos anima: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. A veces, el perdón también requiere restaurar relaciones con amor y sabiduría.

Conclusión 

Perdonar no nos hace débiles, sino valientes. Dominar nuestra ira y elegir el camino del amor nos acerca más al carácter de Cristo y nos permite experimentar la paz de Dios en nuestras vidas.

Que podamos vivir conforme a Proverbios 19:11, entendiendo que hay mayor honra en perdonar que en aferrarnos a la ofensa. Que el Espíritu Santo nos ayude a reflejar el amor y la misericordia del Padre, y que en cada situación podamos decir: “Señor, como Tú me has perdonado, yo también perdono”.

Amén. 🙏✨


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«Hay honra en perdonar»

No retener el perdón.



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lunes, 10 de febrero de 2025

No hagas nada por vanagloria

Un llamado a la humildad y al servicio sincero

En Filipenses 2:3, el apóstol Pablo nos da una instrucción clara y profunda: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Este versículo nos invita a examinar nuestras intenciones y a vivir una vida marcada por la humildad, el servicio y el amor genuino hacia los demás.

La vanagloria es la búsqueda de reconocimiento, el deseo de ser exaltados por nuestros logros o habilidades. Es una gloria vacía y pasajera, que no tiene fundamento en la verdad ni en el amor. Dios nos llama a desechar esta actitud y a vivir con un corazón humilde, buscando siempre glorificarle a Él y no a nosotros mismos.

¿Qué es la Vanagloria?

La vanagloria es un orgullo disfrazado, un deseo de aparentar más de lo que realmente somos. Mientras que el mundo nos empuja a buscar aplausos y reconocimiento, el Evangelio nos enseña el valor de la humildad y el servicio desinteresado.

Jesús nos dio un claro ejemplo de esto cuando dijo en Mateo 6:1: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”. La vanagloria busca la aprobación de las personas, mientras que el verdadero servicio busca agradar a Dios.

Humildad: El Camino del Amor Verdadero

La humildad es la clave para evitar caer en la trampa de la vanagloria. Vivir en humildad no significa pensar menos de nosotros mismos, sino pensar menos en nosotros mismos. Es reconocer que todo lo que somos y tenemos proviene de Dios y usarlo para bendecir a los demás.

Pablo nos exhorta en Romanos 12:3: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura”. Cuando nos vemos a nosotros mismos a la luz de la gracia de Dios, nos damos cuenta de que no tenemos nada de qué jactarnos. Todo es por su misericordia.

Siguiendo el Ejemplo de Cristo

El mejor ejemplo de humildad y ausencia de vanagloria es nuestro Señor Jesucristo. En el mismo capítulo de Filipenses 2, Pablo describe cómo Jesús, siendo Dios, no se aferró a su divinidad, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo y haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:5-8).

Jesús no buscó su propia gloria, sino que vivió para hacer la voluntad del Padre. Cada uno de sus actos fue una demostración de amor desinteresado, de humildad y de entrega total. Si deseamos seguir sus pasos, debemos aprender a vivir con ese mismo corazón humilde.

Cómo Evitar la Vanagloria

  1. Examina tus motivaciones: Antes de actuar, pregúntate por qué lo haces. ¿Es para glorificar a Dios o para recibir el reconocimiento de los demás? La honestidad contigo mismo te ayudará a corregir tus intenciones.

  2. Practica la gratitud: Reconoce que todo lo bueno en tu vida proviene de Dios. La gratitud destruye el orgullo y te mantiene enfocado en la fuente de todas las bendiciones.

  3. Sirve a los demás de manera desinteresada: Busca oportunidades para ayudar sin esperar nada a cambio. Hazlo en secreto cuando sea posible, confiando en que Dios ve lo que está en lo oculto (Mateo 6:4).

  4. Imita a Cristo: Haz de Jesús tu modelo de vida. Busca reflejar su carácter en cada área de tu vida, especialmente en la manera en que amas y sirves a los demás.

Una Vida llena de Humildad y Amor

Cuando dejamos de buscar nuestra propia gloria y aprendemos a vivir en humildad, nuestras vidas comienzan a reflejar el amor y la gracia de Dios de manera poderosa. El mundo no necesita más personas que busquen ser admiradas; necesita más personas que sirvan con un corazón genuino, poniendo a los demás por encima de sí mismas.

El Señor nos promete en Santiago 4:10: “Humillaos delante del Señor, y Él os exaltará”. No busquemos la gloria humana, sino la aprobación de nuestro Padre celestial. Vivamos para su gloria, sabiendo que Él nos recompensa en su tiempo perfecto y de la manera más hermosa.

Conclusión  

“No hagáis nada por vanagloria” es un llamado a dejar el orgullo y abrazar una vida de servicio y amor. Cuando nuestras acciones están motivadas por el deseo de glorificar a Dios y de bendecir a los demás, experimentamos una paz y una plenitud que nada en este mundo puede ofrecer.

Que cada día podamos orar como el salmista: “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria” (Salmos 115:1). Vivamos para glorificar su nombre, reflejando la humildad y el amor de Cristo en todo lo que hacemos. ¡A Él sea la gloria por siempre! Amén.


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«Andemos con humildad»

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miércoles, 29 de enero de 2025

Amor que excede todo entendimiento

 Un amor que transforma corazones y sobrepasa todo entendimiento

El amor de Dios es un misterio insondable, una realidad que trasciende nuestra comprensión humana y que solo puede ser experimentada en su plenitud a través de una relación genuina con Él. En Efesios 3:19, el apóstol Pablo escribe: "y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios". Estas palabras nos invitan a sumergirnos en la inmensidad del amor divino y a recibirlo como la fuente de nuestra verdadera plenitud.

Un Amor más allá de nuestra comprensión

El amor humano, por más profundo y sincero que sea, está sujeto a limitaciones. Somos propensos a condicionar nuestro amor según circunstancias, emociones o la respuesta de los demás. Sin embargo, el amor de Dios es inmutable, eterno y perfecto. No depende de nuestra fidelidad, sino de su naturaleza misma.

Este amor fue revelado en su máxima expresión a través de Jesucristo. Como nos dice Romanos 5:8: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros". Dios nos amó primero, sin esperar nada a cambio, y su amor sigue siendo la fuerza que nos sostiene y nos transforma.

La plenitud de Dios en el amor

Cuando comprendemos y aceptamos este amor que excede todo conocimiento, nuestras vidas son renovadas. Nos llena de paz en medio de las tormentas, nos fortalece en nuestra debilidad y nos impulsa a amar a otros de manera desinteresada. El amor de Dios no solo nos salva, sino que también nos capacita para vivir conforme a su voluntad.

Pablo ora para que los creyentes sean "arraigados y cimentados en amor" (Efesios 3:17). Esto significa que nuestra fe debe estar fundamentada en la convicción del amor divino. No podemos depender de nuestra propia sabiduría o entendimiento; necesitamos rendirnos a un amor que va más allá de lo que la mente puede captar y que solo puede ser abrazado por el corazón.

Un llamado a experimentar y compartir este amor

Dios nos invita no solo a conocer su amor, sino a experimentarlo y compartirlo. En 1 Juan 4:7-8 se nos recuerda: "Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor".

Nuestro llamado como creyentes es reflejar este amor en nuestras relaciones, en nuestro servicio y en nuestro diario vivir. Así como Dios nos amó sin reservas, así también debemos extender ese amor a los demás, sin condiciones ni barreras.

Conclusión 

El amor de Dios es un océano sin límites, un amor que excede todo conocimiento y que nos invita a confiar plenamente en Él. En un mundo donde el amor muchas veces se mide y se condiciona, Dios nos ofrece un amor inagotable y eterno.

Que nuestro anhelo sea conocer cada día más este amor y vivir en su plenitud, reflejándolo a quienes nos rodean. Como dice Efesios 3:20-21: "Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén".


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«Amémonos unos a otros»

Amar a los demás.



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martes, 14 de enero de 2025

Estad siempre gozosos

UN NUEVO DESAFÍO: SIEMPRE ALEGRES


En 1 Tesalonicenses 5:16 encontramos un mandato breve pero profundo: “Estad siempre gozosos.” Estas tres palabras contienen una poderosa invitación a vivir en la plenitud de la alegría que solo Dios puede dar. Pero ¿qué significa estar siempre gozosos? ¿Cómo podemos experimentar este gozo en medio de los desafíos y pruebas de la vida? Reflexionemos sobre esta verdad y permitamos que su luz transforme nuestro caminar diario.

El Gozo del Señor es nuestra fortaleza

El gozo al que se refiere Pablo no es un simple sentimiento de felicidad pasajera. Es un estado profundo del alma que proviene de nuestra relación con Dios. Nehemías 8:10 nos recuerda: “El gozo del Señor es vuestra fuerza.” Este gozo no depende de nuestras circunstancias, sino de la certeza de que Dios está con nosotros, nos ama y tiene un propósito para nuestras vidas.

Jesús mismo habló de este gozo en Juan 15:11: “Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo.” Cuando permanecemos en él, su gozo llena nuestros corazones y nos capacita para enfrentar cualquier situación con esperanza y fe.

Gozo en medio de las Pruebas

La exhortación de estar siempre gozosos puede parecer desafiante, especialmente en tiempos de dificultad. Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña que el gozo no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Dios en medio de ellos. Santiago 1:2-3 nos anima: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.”

Las pruebas son oportunidades para crecer en nuestra fe y depender más de Dios. Al enfocarnos en sus promesas y confiar en su fidelidad, podemos experimentar un gozo que trasciende nuestras circunstancias. Como el apóstol Pablo, quien escribió desde la prisión: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).

Las Fuentes del Gozo

¿Cómo podemos cultivar un corazón gozoso? Aquí hay algunas fuentes de gozo que encontramos en la Biblia:

  1. La presencia de Dios: Salmos 16:11 dice: “En tu presencia hay plenitud de gozo.” Pasar tiempo en oración, adoración y meditando en la Palabra nos conecta con la fuente de todo gozo.

  2. La gratitud: Un corazón agradecido encuentra motivos para regocijarse incluso en los pequeños detalles de la vida. 1 Tesalonicenses 5:18 nos exhorta: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”

  3. El servicio a los demás: Cuando bendecimos a otros con amor y generosidad, experimentamos la alegría de reflejar el corazón de Cristo. Hechos 20:35 nos recuerda: “Más bienaventurado es dar que recibir.”

  4. Las promesas de Dios: Al meditar en sus promesas eternas, nuestro gozo se renueva. Romanos 15:13 declara: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”

El Gozo como Testimonio

Cuando vivimos en gozo, damos testimonio del poder transformador del evangelio. En un mundo lleno de angustia, tristeza y desesperanza, un corazón gozoso brilla como luz en las tinieblas. Este gozo no solo nos fortalece a nosotros, sino que también inspira a otros a buscar la fuente de nuestra alegría.

Jesús dijo en Mateo 5:16: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Al vivir en gozo, glorificamos a Dios y mostramos al mundo que su amor y su gracia son suficientes para llenar cualquier vacío.

Viviendo Gozosamente Cada Día

Estar siempre gozosos no significa ignorar nuestras luchas o fingir que todo está bien. Significa elegir confiar en Dios y regocijarnos en su fidelidad, incluso cuando la vida es difícil. Aquí hay algunas maneras prácticas de cultivar un corazón gozoso:

  1. Comienza cada día con alabanza: Dedica tiempo para agradecer a Dios por sus bendiciones y proclamar su bondad.

  2. Llena tu mente de verdad: Medita en las Escrituras y permite que la Palabra de Dios renueve tu mente y te llene de esperanza.

  3. Rodéate de personas edificantes: Busca compañerismo con otros creyentes que te animen en tu caminar con Cristo.

  4. Busca oportunidades para bendecir: Sirve a los demás con amor y generosidad, y experimentarás la alegría de dar.

  5. Confía en el plan de Dios: Recuerda que él tiene el control de todas las cosas y que su plan para ti es bueno (Jeremías 29:11).

Corolario 

“Estad siempre gozosos” es más que un mandato; es una invitación a vivir en la abundancia de la gracia de Dios. Este gozo no se basa en lo que tenemos o en lo que nos sucede, sino en Quién es Dios y lo que él ha hecho por nosotros en Cristo.

Permitamos que este gozo transforme nuestras vidas y sea un testimonio vivo de la esperanza que tenemos en Jesús. Que cada día sea una oportunidad para regocijarnos en el Señor, celebrar su bondad y compartir su amor con los demás. Como dijo el salmista: “Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmos 118:24). ¡A él sea toda la gloria!


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«Alégrate»

Estemos siempre gozosos



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lunes, 27 de noviembre de 2023

Soy un adorador

La adoración es la esencia misma del hijo de Dios.

El salmista cantaba: "La palabra de Dios es como miel a mi boca", que tremendo y hermoso, que bello que nosotros a diario podamos también recitar esto, como el Rey David que lo hacía 7 veces al día (Salmos 119:164). 

El hijo de Dios debe ser un adorador y esto se basa en varios fundamentos bíblicos que resaltan la importancia de la adoración genuina y la reverencia hacia Dios. 

En Juan 4:23-24 (RV60) encontramos que "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren."

Jesús mismo habla de la necesidad de adorar a Dios en espíritu y verdad, indicando que este tipo de adoración es lo que Dios busca.

Verdaderos adoradores, estos son los que se entregan de todo corazón a Dios, que derraman cuerpo, espíritu y alma al Señor. No se guardan nada.

El propósito de la creación:

Apocalipsis 4:11 (RV60): "Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas."

La adoración es una respuesta al reconocimiento de la grandeza y la creación de Dios. Es un reconocimiento de su soberanía y poder.

Solo Él es digno de recibir toda la gloria y toda la honra, porque es nuestro creador, nuestro Señor, pero lo más grande de todo, es que es nuestro Salvador. Estamos perdidos, inmundos y abandonados a merced de la muerte y la condenación, pero uno, el Justo, se entregó por nuestros pecados, los pagó y nos salvó. Cómo no adorar al Señor por siempre.

Mateo 22:37 (RV60): "Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente."

La adoración surge del amor total y completo a Dios. Amar a Dios con todo el corazón implica una entrega total, que se expresa a menudo a través de la adoración.

La relación personal con Dios:

Filipenses 3:3 (RV60): "Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne."

La adoración es una expresión de la relación personal con Dios a través de Cristo. Es una respuesta de gratitud y amor.

Romanos 12:1 (RV60): "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional."

La adoración no se limita a momentos específicos, sino que se extiende a toda la vida. Ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio vivo es un acto de adoración constante.

Adórale a Dios. Él es digno, glorioso, poderoso, Él es fiel y verdadero, Él te ama. 

Dios te da todo, aire, agua, vida. También tú puedes darle todo, toda tu adoración. 


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«Dios me ama»

La adoración.



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lunes, 6 de noviembre de 2023

Escogidos de Dios

Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; (Colosenses 3:12).

Alguna vez te tocó en la escuela o jugando con los amigos, que comenzó una elegida para participar de un juego deportivo, fútbol, baloncesto, o a las escondidas, y un compañero o compañera comenzó a elegir, y te escogió como parte de su equipo. Realmente uno se siente "elegido", genial, porque nos tuvieron en cuenta, porque somos parte de ese cuerpo. 

Así también es con el Reino de Dios. El apóstol Pablo enseña claramente que nos vistamos (esto es que nos sintamos en todo, cuerpo, alma y espíritu), como "escogidos de Dios". 

Dios nos ama mucho y nos ha elegido para que formemos parte de su pueblo. 

AMOR INCONDICIONAL

El amor de Dios es incondicional. No está basado en nuestro mérito o desempeño, sino en la naturaleza misma de Dios. Este amor trasciende nuestras fallas y limitaciones.

Citaremos 3 versículos bíblicos que refuerzan esto:

1. Romanos 8:38-39 (RV60):

   - "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."

Nada puede separarnos del amor de Dios.

2. Jeremías 31:3 (RV60):

   - "Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia."

3. Efesios 2:4-5 (RV60):

   - "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)."

Estos versículos resaltan el amor incondicional de Dios que trasciende las circunstancias, supera cualquier obstáculo y perdura eternamente. 

En ellos se expresa la convicción de que nada puede separarnos del amor de Dios, que su amor es eterno y que actúa independientemente de nuestras circunstancias o méritos.

DIOS NOS HA ELEGIDO

La elección de Dios implica un propósito específico. Se cree que Dios nos ha elegido para formar parte de su pueblo con un propósito particular en su plan divino.

Aquí no hay azar, no es por suerte o porque le caíste bien. No es así.

Dios nos promete amarnos, guiarnos y protegernos siempre y respondemos a eso también con amor y obediencia.

En Deuteronomio 7:6 (RV60) dice: "Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra."


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«Dios me ha escogido»

El amor



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