«Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar.»— Habacuc 3:19
Hay días en los que sentimos que avanzar cuesta más de lo normal. El camino puede parecer empinado, las circunstancias pueden llenarnos de preocupación y nuestras propias fuerzas pueden comenzar a disminuir. En esos momentos, este versículo nos recuerda algo sencillo, pero profundamente importante: nuestra fortaleza no tiene que depender únicamente de nosotros mismos.
Habacuc llegó a este momento después de atravesar muchas preguntas. El profeta había contemplado tiempos difíciles y había expresado delante de Dios su preocupación por lo que estaba sucediendo. Sin embargo, al final del capítulo no declara que todo se haya solucionado de la manera que esperaba. Declara algo mucho más profundo: aunque las circunstancias fueran adversas, Dios seguiría siendo su fortaleza.
Eso tiene un gran valor para nuestra vida. A veces pensamos que podremos estar tranquilos solamente cuando todo esté en orden: cuando desaparezcan los problemas, cuando recibamos una respuesta, cuando nuestros planes funcionen o cuando sepamos exactamente qué ocurrirá mañana. Pero la fe madura aprende a descansar en Dios incluso antes de que cambien las circunstancias.
Habacuc utiliza una imagen hermosa: Dios hace sus pies «como de ciervas». La cierva puede desplazarse por terrenos elevados y difíciles con firmeza y seguridad. La imagen no habla de un camino sin dificultades, sino de recibir la capacidad necesaria para caminar por él.
Dios no siempre quita inmediatamente la montaña que tenemos delante. Algunas veces nos fortalece para subirla.
Quizá hoy no necesitas tener todas las respuestas. Quizá necesitas recordar que no tienes que enfrentar este día dependiendo solamente de tus propias fuerzas. El Señor conoce tus límites, conoce tus temores y conoce aquello que todavía no puedes comprender.
Cuando nuestras piernas tiemblan ante una pendiente, Dios puede darnos firmeza para dar el siguiente paso.
Caminar con confianza
No te exijas tener resuelto todo el futuro. Hay cargas que corresponden al día de hoy y otras que todavía no te toca llevar. Aprende a caminar paso a paso, poniendo delante de Dios aquello que te preocupa y haciendo con responsabilidad lo que está en tus manos.
Cuando te sientas débil, no tengas vergüenza de reconocerlo. Pedir ayuda, buscar consejo y descansar cuando es necesario también son formas de sabiduría. La fortaleza espiritual no consiste en fingir que nunca estamos cansados, sino en saber dónde acudir cuando nuestras fuerzas comienzan a faltar.
También recuerda que las alturas no siempre se alcanzan de un salto. Se llega a ellas mediante pequeños pasos constantes. Una oración sincera, una decisión correcta, una conversación necesaria, un día de perseverancia: cada paso cuenta.
Tal vez no puedas ver todavía lo que hay al otro lado de la dificultad. Pero puedes confiar en Aquel que sí lo ve. No necesitas conocer todo el camino para dar el siguiente paso con Dios.
Y cuando algún día mires hacia atrás, quizá descubras que aquello que parecía demasiado difícil no solamente te hizo avanzar, sino que también te enseñó a depender más profundamente del Señor.
Si Dios es tu fortaleza, no necesitas sentirte fuerte todo el tiempo para seguir caminando.
Oración
Señor, cuando mis fuerzas disminuyan, ayúdame a recordar que tú eres mi fortaleza. Dame firmeza para enfrentar cada día, sabiduría para dar los pasos correctos y confianza para caminar aun cuando no pueda ver todo el camino. Enséñame a depender de ti y a permanecer firme en tus manos. Amén.
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