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viernes, 7 de febrero de 2020

Misericordia

La misericordia guarda tu alma, la alimenta y prospera. 



 

A su alma hace bien el hombre misericordioso;

Mas el cruel se atormenta a sí mismo.

PROVERBIOS 11:17


«Busqué a Dios y Él me halló»

"Encarnación: Ciudad de Dios"

Frase Cristiana (FC)


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martes, 7 de enero de 2020

Sed imitadores

Algunos dicen que no tenemos razón para imitar a otros, pues somos únicos y como tales, pues debemos salvaguardar nuestra identidad, pues lo que nos hace únicos, e irrepetibles, es justamente lo que más valor tiene para nuestras vidas. Otros dice, que podemos buscar modelos de vida, Mandela, Gandhi y otros, que justamente dejaron algún legado importante, y es por ello, que sería sabio seguir sus pasos. 

Pero la realidad es que al único que debemos imitar, es a Dios, dado que Él es amor, y siendo así, pues tendremos la mejor versión de nosotros mismos.




EFESIOS 5:1-2 

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 

Y andad en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.


«Clama a Dios»

"Encarnación: Ciudad de Dios"

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lunes, 10 de junio de 2019

Dios nos trae sanidad




Dios nos promete que nos traerá sanidad y nos curará de nuestras dolencias, de ese corazón vació, y nos revelará -dice su palabra- abundancia de paz y de verdad.

6 He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad. (RVR60)
”Sin embargo, les daré salud y los curaré; los sanaré y haré que disfruten de abundante paz y seguridad. (NVI)
Pero los curaré, les daré la salud y haré que con honra disfruten de paz y seguridad. (DHH)
Sin embargo, más adelante les devolveré la paz y la tranquilidad, y los haré disfrutar de una vida segura. (TLA)




«Dios nos dará sanidad»

"Encarnación: Ciudad de Dios"

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domingo, 10 de marzo de 2019

Velando

En 1 Tesalonicenses 5:6, Pablo nos exhorta con estas palabras llenas de significado: “Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.” Este llamado, sencillo en palabras pero profundo en su contenido, es una invitación divina a vivir en alerta espiritual y con una sobriedad que glorifique a nuestro Señor.

Velemos: Una vida de vigilancia espiritual

El concepto de “velar” en las Escrituras siempre está ligado a la atención constante, a la espera activa del regreso del Señor. No se trata de un acto pasivo ni de simple observación, sino de un compromiso de corazón, mente y acción. 

Vivir velando significa estar atentos a las señales del tiempo, a los movimientos del Espíritu Santo y a las oportunidades que Dios nos da para extender su Reino.

 Jesús mismo nos advirtió sobre la importancia de estar vigilantes: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42). Este mandato no busca llenarnos de ansiedad, sino de una fe viva y expectante que nos impulse a vivir cada día como si fuera el último antes de su regreso.

¿Cómo podemos velar? La oración es nuestra primera herramienta. Como dice Colosenses 4:2: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.” 

Orar con corazones agradecidos nos mantiene conectados con Dios y nos ayuda a discernir su voluntad en cada situación.

Sed Sobrios: Viviendo con moderación y claridad

La sobriedad a la que se refiere Pablo no es solo una ausencia de embriaguez física, sino una actitud espiritual y mental que evita los excesos y mantiene un enfoque claro en lo que realmente importa. Ser sobrios significa tener un corazón lleno de paz, no alterado por las circunstancias de este mundo, y una mente renovada por la Palabra de Dios.

En un mundo que constantemente nos invita a distraernos, a consumir sin medida y a vivir en desenfreno, el llamado a la sobriedad es contracultural. Santiago 4:4 nos recuerda que la amistad con el mundo es enemistad con Dios. Por ello, ser sobrios implica vivir con los ojos puestos en lo eterno y no en lo pasajero.

Un Llamado a la Iglesia de Hoy

La exhortación de 1 Tesalonicenses 5:6 es especialmente relevante en nuestra época. Vivimos tiempos en los que el sueño espiritual amenaza a muchos creyentes. Las distracciones tecnológicas, las presiones sociales y las corrientes ideológicas buscan adormecer nuestra fe y alejarnos de la verdad.

¡Pero no estamos llamados a ser como los demás! Como hijos de la luz y del día (1 Tesalonicenses 5:5), tenemos el privilegio y la responsabilidad de vivir diferente. Nuestras vidas deben ser un testimonio constante de la gracia y el poder de Dios, una luz que brille en medio de la oscuridad.

Exhortemos a nuestros hermanos y hermanas en la fe a mantenerse firmes. Como dice Hebreos 10:24-25: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y mucho más al ver que aquel día se acerca.”

♥ Corolario ♥

Velar y ser sobrios no son solo mandamientos; son expresiones de una vida transformada por Cristo. Nos preparan para enfrentar las pruebas, para resistir las tentaciones y para vivir con una esperanza viva. Que este mensaje sea una llama encendida en nuestros corazones, recordándonos que vivimos para glorificar a Dios y esperar con gozo el regreso de nuestro Salvador.

Que cada día sea una oportunidad para despertar de cualquier sueño espiritual y caminar con firmeza en la luz de su verdad. ¡Velemos y seamos sobrios, porque el Señor viene pronto! 


Si te sirve, comparte!


SALMOS 1:1 | SALMOS 1:2 | SALMOS 1:3 | SALMOS 1:4 |



«Vivir velando»

Estoy velando



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sábado, 23 de febrero de 2019

Clama a Dios



Este texto es conocido como el número de teléfono de Dios, Jeremías 33:3 «Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces».
Se lo conoce así, porque Dios nos ha dejado como mandamiento el modo en el que debemos conectarnos con Él, y sencillamente es clamándole, y Él nos responderá. Es una poderosa promesa.

«Clama a Dios»

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jueves, 10 de enero de 2019

Proverbios 16:9

RVR60

El corazón del hombre piensa su camino;

Mas Jehová endereza sus pasos.



«Dios nos guía»

El Señor es quien dirige nuestros pasos, cuando le entregamos el timón, cuando toda nuestra vida está rendida a Él. Nadie que se ha entregado por completo ha dejado de ser guardado, protegido y prosperado por el Señor, pues esa es su promesa: "Nunca te dejaré, nunca te abandonaré". 


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sábado, 18 de agosto de 2018

Me sacó de las muchas aguas

 “Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas.”

Salmos 18:16 (RVR60)

Hay momentos en la vida en los que sentimos que las fuerzas ya no alcanzan. Las dificultades llegan una tras otra, las preocupaciones parecen multiplicarse y el corazón comienza a preguntarse si habrá una salida. David conocía muy bien esa sensación. Fue perseguido por enemigos, incomprendido por personas cercanas, obligado a huir y enfrentó circunstancias que, desde una perspectiva humana, parecían imposibles de superar. Sin embargo, en medio de ese escenario escribió una de las declaraciones más hermosas de toda la Biblia: “Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas.”

Este versículo no solo relata una experiencia personal de David; también revela el corazón de Dios. Nuestro Padre celestial no permanece distante cuando Sus hijos claman. Él escucha, observa y actúa en el momento perfecto. Quizás no siempre lo haga de la manera que esperamos, pero nunca deja de estar presente.

La imagen de las "muchas aguas" aparece con frecuencia en las Escrituras para representar las pruebas, las aflicciones, el peligro y el sufrimiento. El mar, con sus olas agitadas, simboliza aquellas circunstancias que parecen superar nuestras fuerzas. Todos, en algún momento, hemos sentido que esas aguas amenazan con hundirnos. Puede tratarse de una enfermedad inesperada, una pérdida dolorosa, un problema económico, un conflicto familiar o una profunda lucha espiritual.

Lo maravilloso de este salmo es que David no dice que aprendió a nadar mejor ni que logró salir por sus propias fuerzas. Él reconoce humildemente que fue Dios quien descendió para rescatarlo. Toda la gloria pertenece al Señor.

Vivimos en una cultura que constantemente exalta la autosuficiencia. Se nos enseña que debemos resolverlo todo solos, que pedir ayuda es una señal de debilidad y que únicamente nosotros tenemos el control de nuestro destino. Sin embargo, la Biblia nos muestra una realidad diferente. Hay situaciones en las que nuestras capacidades simplemente no son suficientes. Es allí donde descubrimos el inmenso valor de depender de Dios.

Qué hermosa expresión utiliza el salmista: "me tomó". No habla de un Dios indiferente ni lejano. Habla de un Padre que extiende Su mano hacia quien está cayendo. Es la imagen de alguien que no observa desde la orilla, sino que interviene con amor. Esa es precisamente la esencia del evangelio. Dios no permaneció distante de la humanidad perdida, sino que envió a Su Hijo Jesucristo para buscarnos, rescatarnos y reconciliarnos con Él.

A lo largo de la Biblia encontramos numerosos ejemplos de este Dios que rescata. Extendió Su mano sobre Noé para preservar la vida durante el diluvio. Libró a Israel cuando estaba atrapado entre el mar Rojo y el ejército egipcio. Sostuvo a Daniel en el foso de los leones y acompañó a los tres jóvenes hebreos en el horno de fuego. En el Nuevo Testamento, Jesús extendió Su mano para levantar a Pedro cuando comenzó a hundirse en las aguas del lago. El mismo Dios que actuó entonces sigue obrando hoy.

Quizás el rescate de Dios no siempre consiste en eliminar inmediatamente el problema. En ocasiones, Él transforma primero nuestro corazón mientras nos sostiene en medio de la tormenta. Otras veces abre puertas inesperadas, envía personas oportunas o concede una paz que supera todo entendimiento. Sea cual sea la forma, Su mano nunca deja de sostener a quienes confían en Él.

Este versículo también nos enseña que Dios conoce perfectamente nuestra condición. Él sabe cuándo nuestras fuerzas han llegado al límite. Conoce las lágrimas que nadie más ha visto, las oraciones pronunciadas en silencio y las cargas que llevamos en el corazón. No necesitamos aparentar fortaleza delante del Señor. Podemos acercarnos con sinceridad, porque Él ya conoce cada detalle de nuestra vida.

Hay una gran diferencia entre luchar solos y caminar tomados de la mano de Dios. Cuando confiamos únicamente en nuestras fuerzas, cualquier dificultad puede derribarnos. Pero cuando descansamos en el Señor, incluso las pruebas más intensas se convierten en oportunidades para experimentar Su fidelidad. La fe no elimina todas las tormentas, pero sí nos recuerda que nunca las enfrentamos solos.

También es importante notar que David no olvidó el rescate recibido. Este salmo es un himno de gratitud. Con demasiada frecuencia pedimos ayuda cuando llegan las dificultades, pero una vez que la tormenta pasa continuamos nuestra vida como si todo hubiera sido fruto de nuestras propias capacidades. David hace exactamente lo contrario. Él se detiene para recordar, agradecer y dar testimonio de la intervención de Dios.

Recordar las obras del Señor fortalece nuestra fe para el futuro. Cuando llegan nuevas pruebas, podemos mirar hacia atrás y decir: "El Dios que me sostuvo ayer seguirá sosteniéndome hoy". Cada rescate se convierte en una evidencia más de Su amor inagotable.

Quizás hoy tú también sientas que estás atravesando "muchas aguas". Tal vez las respuestas parecen demorarse y las circunstancias no han cambiado todavía. No pierdas la esperanza. El mismo Dios que escuchó el clamor de David escucha también el tuyo. Su mano continúa extendida hacia quienes le buscan con un corazón sincero.

No importa cuán profundas parezcan las aguas ni cuán fuerte sea la corriente. El poder del Señor siempre es mayor. Ninguna dificultad puede impedir que Su gracia alcance a Sus hijos. Él sigue siendo especialista en abrir caminos donde parece no haberlos, en traer luz en medio de la oscuridad y en levantar al que ha perdido las fuerzas.

Por eso, cada nuevo día podemos vivir con confianza. No porque sepamos lo que ocurrirá mañana, sino porque conocemos a Aquel que sostiene nuestro mañana. Nuestro refugio no está en las circunstancias favorables, sino en la fidelidad inquebrantable de Dios.

Hoy, permite que esta promesa fortalezca tu corazón. Si alguna vez el Señor te rescató, dale gracias. Si estás esperando Su intervención, continúa confiando. Y si conoces a alguien que atraviesa un momento difícil, comparte con esa persona la esperanza de este versículo. Nuestro Dios sigue extendiendo Su mano desde lo alto. Sigue tomando a Sus hijos. Sigue sacándolos de las muchas aguas. Y seguirá haciéndolo, porque Su amor permanece para siempre. 



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«Dios me rescata»

Salvación



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