Salmos 91.2
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Efesios 6: 2-3
Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.
La Biblia nos enseña que debemos honrar a nuestros padres. En el Libro de Éxodo, Dios le dice a Moisés: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da" (Éxodo 20:12).
Obedecerles: Obedecer a nuestros padres es una forma de honrarlos. Esto significa seguir sus instrucciones y cumplir sus deseos. Claro, la cuestión de la obediencia siempre ha traído innumerables discusiones, dado que no todos los padres son justos o muchas veces, ni siquiera dignos. Sin embargo, las instrucciones no señalan nada de eso, es decir, no dice honra a tu padre el justo, a tu madre la perfecta. Solo dice, honrarlos. Con el tiempo nos damos en cuenta de la verdad de todo esto, que efectivamente los que nos aman siempre han querido lo mejor de nosotros y para nosotros.
Respetarles: Respetar a nuestros padres es otra forma de honrarlos. Esto significa tratarlos con amabilidad y consideración, incluso cuando no estemos de acuerdo con ellos, e incluso, cuando quizás ellos mismos no se respeten. Pero en cada uno de nosotros está esa particularidad de poder amarlos, con sus muchas virtudes y pocos defectos.
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y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Al parecer, al llegar a adultos, muchas de las características que nos distinguían como niños fueron pasando. Varias de ellas, por diferentes razones, entre las que citamos el dolor, la frustración, emociones negativas que nos hicieron -supuestamente- más adultos, o más serios.
QUÉ NOS ENSEÑÓ JESÚS
En las enseñanzas de Jesús, hacerse como niño significa adoptar una actitud de humildad, confianza y dependencia de Dios. Los niños son naturalmente humildes, porque no tienen la experiencia o el conocimiento que tienen los adultos. Ahora, eso significa que al ser como adultos ya no podemos experimentar la humildad de un niño. Creo que no, y es eso justamente lo que nos enseña Jesús, que aún siendo adultos, aún viviendo una vida con ciertos estándares, con todo ello podemos ejercitar nuestra humildad, como la de un niño.
Los niños también son naturalmente confiados, porque creen en sus padres y en los adultos que los cuidan. Los adultos, pues son naturalmente desconfiados, pero esto también podemos cambiar. Lógico, ya podremos seleccionar con más apreciación y criterio en quien depositar nuestra confianza, pero sabemos que es bueno descansar de vez en cuanto en ciertas personas que aunque no son perfectas, pueden ser perdonadas si nos fallan. Los niños perdonan, todo el tiempo. No son rencorosos.
Y son naturalmente los niños son dependientes, porque necesitan la ayuda de sus padres para sobrevivir y prosperar.
Jesús enseñó que los adultos deben adoptar estas mismas actitudes para poder entrar en el reino de los cielos. En el Evangelio de Mateo, Jesús dice: "De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18:3).
Hay varias maneras de hacerse como niño en las enseñanzas de Jesús. Una manera es ser humilde. Esto significa reconocer que no somos perfectos y que siempre podemos aprender cosas nuevas. También significa ser humildes con los demás, reconociendo que todos somos iguales ante Dios.
Otra manera de hacerse como niño es ser confiado. Esto significa creer que Dios nos ama y nos cuida. También significa creer que Dios tiene un plan para nosotros y que nos ayudará a cumplirlo.
Y, por último, también podemos hacernos como niños siendo dependientes de Dios. Esto significa reconocer que no podemos hacerlo todo por nosotros mismos y que necesitamos la ayuda de Dios para vivir una vida plena y satisfactoria.
Al adoptar estas actitudes, podemos acercarnos más a Dios y vivir una vida más plena y satisfactoria.
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Esto es fundamental para nosotros, para comprender la fe. Creer es nuestra esencia.
La fe implica perseverar incluso cuando las circunstancias parecen difíciles o imposibles. Recordar que para Dios no hay nada imposible nos da la fuerza para seguir adelante incluso en medio de desafíos.
Confiamos en el poder y soberanía de Dios.
Dios es todopoderoso y está por encima de todas las limitaciones humanas o naturales. Confiar en su poder implica reconocer que no hay nada que escape a su control. Ahora, muchos creen eso, pero no están dispuestos a confiar.
De allí que creer en Dios es una cosa, y creerle a Dios es otra. Creerle a Dios es confiar en Él, es depositar todas nuestras dudas, nuestros miedos, todo nuestro ser en sus manos, y dejarnos guiar por Él. ¿Es difícil?, por supuesto que lo es, porque en esencia somos egoístas, pero ahí es donde actúa el Espíritu Santo y cada día nos confronta más y más. Lo dijo el Apóstol Pablo, "ya no vivo yo, Cristo vive en mí".
Entendemos que la fe no se basa en nuestras capacidades
Nuestra fe no se basa en nuestra propia fuerza o habilidades. Más bien, se basa en la confianza y la dependencia en Dios, quien tiene el poder de hacer realidad lo que parece imposible desde nuestra perspectiva limitada.
El ser humano no puede vivir sin fe, porque necesita creer y tener esperanzas. Hay una realidad indudable e innegociable para todos, que debemos enfrentar a diario problemas, dilemas, aflicciones, golpes, temores y tantas otras cosas. Es por ello que Dios nos equipó con fe.
Gracias a la fe, tenemos la confianza suficiente para enfrentar cualquier tipo de dificultad. Jesús dijo: "De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis" (Mateo 21:21), podremos enfrentar estos problemas, uno a uno, confiando enteramente en el Señor. Fe, nada más.
Quiénes fueron los héroes de la fe:
Recordemos algunos ejemplos bíblicos. La Biblia está llena de relatos de personas que, a pesar de las circunstancias aparentemente imposibles, confiaron en Dios y vieron el cumplimiento de sus promesas. Estos son Abraham, Jacob, Moisés, Josué, Caleb, David, José, los Apóstoles y muchos otros son ejemplos de fe en la acción.
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El salmista cantaba: "La palabra de Dios es como miel a mi boca", que tremendo y hermoso, que bello que nosotros a diario podamos también recitar esto, como el Rey David que lo hacía 7 veces al día (Salmos 119:164).
El hijo de Dios debe ser un adorador y esto se basa en varios fundamentos bíblicos que resaltan la importancia de la adoración genuina y la reverencia hacia Dios.
En Juan 4:23-24 (RV60) encontramos que "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren."
Jesús mismo habla de la necesidad de adorar a Dios en espíritu y verdad, indicando que este tipo de adoración es lo que Dios busca.
Verdaderos adoradores, estos son los que se entregan de todo corazón a Dios, que derraman cuerpo, espíritu y alma al Señor. No se guardan nada.
El propósito de la creación:
Apocalipsis 4:11 (RV60): "Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas."
La adoración es una respuesta al reconocimiento de la grandeza y la creación de Dios. Es un reconocimiento de su soberanía y poder.
Solo Él es digno de recibir toda la gloria y toda la honra, porque es nuestro creador, nuestro Señor, pero lo más grande de todo, es que es nuestro Salvador. Estamos perdidos, inmundos y abandonados a merced de la muerte y la condenación, pero uno, el Justo, se entregó por nuestros pecados, los pagó y nos salvó. Cómo no adorar al Señor por siempre.
Mateo 22:37 (RV60): "Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente."
La adoración surge del amor total y completo a Dios. Amar a Dios con todo el corazón implica una entrega total, que se expresa a menudo a través de la adoración.
La relación personal con Dios:
Filipenses 3:3 (RV60): "Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne."
La adoración es una expresión de la relación personal con Dios a través de Cristo. Es una respuesta de gratitud y amor.
Romanos 12:1 (RV60): "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional."
La adoración no se limita a momentos específicos, sino que se extiende a toda la vida. Ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio vivo es un acto de adoración constante.
Adórale a Dios. Él es digno, glorioso, poderoso, Él es fiel y verdadero, Él te ama.
Dios te da todo, aire, agua, vida. También tú puedes darle todo, toda tu adoración.
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La inseguridad comanda en esta vida. Por más recursos que creas tener, nada te puede resguardar de la codicia de otras personas, de la envidia, de los malos pensamientos, o incluso, del egoísmo de otros, que tarde o temprano querrán o podrán hacerte daño.
Pero existe una seguridad real, una que no está sostenida en muros o cámaras, o en bancos, o fundada en el dinero, ni siquiera en las personas. Esa seguridad es nuestra confianza en Dios.
Cuando confías en aquel que no muda, que no cambia, que es inconmovible, que es la roca eterna, quien te dice que nunca te abandonará ni te desamparará, sencillamente estás seguro, y la prueba de ello es la paz que te sobreviene, una paz que supera todo entendimiento. Las personas hoy han perdido la paz, a causa de que se sienten inseguras.
El Salmos 59:6 te recuerda que Dios es nuestro protector, que Él es nuestro refugio en todo momento, aún en los momentos difíciles y de angustia.
No digas que estás en una completa soledad, porque no es cierto. Eso es una mentira. Hay uno que espera por ti, que te ama, que entregó todo lo que podía para tener una relación de amistad, de perdón y de amor contigo. Un Dios de amor y misericordia, que te dice, “soy tu protector, tu refugio, no te abandonaré, ni te desampararé”.
Ven a Dios.
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AMOR INCONDICIONAL
El amor de Dios es incondicional. No está basado en nuestro mérito o desempeño, sino en la naturaleza misma de Dios. Este amor trasciende nuestras fallas y limitaciones.
Citaremos 3 versículos bíblicos que refuerzan esto:
1. Romanos 8:38-39 (RV60):
- "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."
Nada puede separarnos del amor de Dios.
2. Jeremías 31:3 (RV60):
- "Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia."
3. Efesios 2:4-5 (RV60):
- "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)."
Estos versículos resaltan el amor incondicional de Dios que trasciende las circunstancias, supera cualquier obstáculo y perdura eternamente.
En ellos se expresa la convicción de que nada puede separarnos del amor de Dios, que su amor es eterno y que actúa independientemente de nuestras circunstancias o méritos.
DIOS NOS HA ELEGIDO
La elección de Dios implica un propósito específico. Se cree que Dios nos ha elegido para formar parte de su pueblo con un propósito particular en su plan divino.
Aquí no hay azar, no es por suerte o porque le caíste bien. No es así.
Dios nos promete amarnos, guiarnos y protegernos siempre y respondemos a eso también con amor y obediencia.
En Deuteronomio 7:6 (RV60) dice: "Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra."
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